Más allá de la absurda polémica sobre el “acarreo con fines electoralistas” de los campesinos a Pando, como han etiquetado tanto la oposición al Gobierno de Evo Morales, como los medios de comunicación social (proclives a las globalizaciones), los números suministrados por el INRA (Instituto Nacional de Reforma Agraria), no cierran y me asalta una duda, casi existencial.
Los números que no cierran son estos: según Juan Carlos Rojas, Director nacional del INRA, informó a la prensa que en el departamento Pando, se determinó distribuir de a 75 hectáreas (has.) por familia, hoy dijo que a las 350 familias del Chapare, asentadas en el municipio de Santa Rosa de Abuná, se les dotará de 44.000 has; esto implica (350 familias por 75 has.) 26.250 has.
Según estos números, existirían unas 17.750 has de diferencia, o si se quiere un adicional (a las 75 has. dotadas a cada familia) de 50,7 has. para cada una.
Más adelante, la autoridad nacional agraria, aseguró que a otro grupo de 150 familias, se les dotará de 14.000 has. en el municipio de Nueva Esperanza; lo que hace (150 x 75 has. por familia) un total de 11.250, de modo que hay unas 2.750 has. que no se sabe a qué término matemático se le suman.
En esta observación de números, no hablo sobre el “acarreo de personas”, (términos que denigran a quienes lo pronuncian y a los nominados), tampoco de que sean “collas o cambas” (apelaciones sentimentaloides cuyo único propósito es conseguir adhesión al discurso), hablo de los números que simplemente no cierran: o al periodista se les escapó algún grupo humano, o la autoridad nacional no sumó todos los términos, o no repartió equitativamente, u otra cosa que no tenemos ni idea qué podrá ser.
Finalmente, mi duda existencial entre tanto discurso absurdo: la gente que migró, en el siglo 19 y el 20, a los departamentos Beni y Pando, ¿no sentaron soberanía?, o ¿qué sentaron? Ese grupo de pioneros, ¿recibió algún tipo de apoyo, o incentivo económico/ social, por parte del Gobierno nacional de turno para continuar con el "asentamiento de soberanía nacional" hasta hoy?, ¿existió alguna vez, alguna política de “asentamiento de soberanía” con algún criterio sobre recursos naturales y/o sobre frontera agrícola?
Es una inmadurez y termina siendo una auto-limitación (mental y política), el decir que aquello no fue sentar soberanía y esto sí; porque terminamos por negar lo que pretendemos construir mediante el discurso.
Como corolaria a esta duda existencial, una otra pregunta: ¿cuál es el objetivo de este repentino “sentar soberanía” (propio de los entusiasmos compulsivos que promueven subdesarrollo acelerado)?, ¿acaso es ése el objetivo: promover subdesarrollo acelerado?, ¿trasladar subdesarrollo a las fronteras?, ¿para qué?, ¿por qué?.
Son preguntas que me quedan en el aire... Acepto sugerencias.
miércoles, 12 de agosto de 2009
jueves, 2 de julio de 2009
Resumen previo a las vacaciones
Con el ánimo de quien ya se toma unas vacaciones (mezcla de hartazgo y entusiasmo por los nuevos aires), quería dejar en el blog, algunas síntesis de las semánticas de los discursos mediatizados hasta ahora.
1. La primera conclusión: El subdesarrollo no es gratuito; es un esfuerzo colectivo por ser ineficientes, que se acelera con el entusiasmo compulsivo con que responden las autoridades de Gobierno (nacional, departamental y municipal) a las necesidades y expectativas de los ciudadanos.
2. El coeficiente intelectual del presidente Evo Morales, es igual y directamente proporcional al coeficiente intelectual de Rubén Costas (Prefecto de Santa Cruz) o viceversa.
3. Bolivia ha dejado muestras sobradas, en estos últimos años, de su vocación y tendencia por el desorden, la indisciplina y la ilegalidad (in cresscendo), tanto al nivel nacional, como departamental y municipal. Los ejemplos sobran y hastían, porque no prosperan, ni siquiera en el perfeccionamiento del aparato o los dispositivos de indisciplina o ilegalidad: son burdos, ordinarios, crasos, vulgares.
4. Las estrategias y contra-estrategias de los Gobiernos nacional y departamental, sobre las competencias y responsabilidad en temas de seguridad ciudadana, salud pública y educación, no sólo se han convertido en el escenario de extorsión, chantaje y secuestro del ciudadano, sino que además son el ejemplo patético de un país diseñado para boicotear.
5. Las próximas elecciones, no variarán con relación a las del 2003, porque la gente sigue votando por el menor mal; porque la gente es obligada a votar, a sabiendas de que el resultado es el que menos importa, la máquina de los viejos y nuevos escenarios de poder (analógico y digital) se preparan para la “legitimación” de su poder, desde la complicidad obligada del ciudadano votante, el tercero excluído de la cosa pública.
6. Repetiremos las elecciones de la “papeleta multicolor y multisigno”, porque la “oposición” (si así se puede llamar) sólo encontró como único sistema de debilitamiento de la figura (semántica y hermenéuticamente hablando) del Presidente Morales, la teoría de los vasos comunicantes: mientras más candidatos haya, el caudal de votos indecisos, blancos y nulos, podrán aumentar (por el principio físico) a cualquiera de los candidatos que se presenten. Los engendros, son de lo más patético y hasta grotescos, como por ejemplo el bombón y la gil.
7. Santa Cruz es el departamento más desprotegido por sus autoridades municipales, departamentales y nacionales. Y la mayor desolación, como el peor paisaje desértico y desolado que pueden ocasionar un terremoto, una guerra nuclear o la peste, son los discursos que nos azotan cotidianamente a través de los medios masivos de comunicación, que se difunden sin pudor, ni ética, ni criterio periodístico.
La pregunta que me asalta ahora es: ¿hasta cuánto puede una comunidad o sociedad, aguantar este tipo de agresiones?, ¿nos acostumbraremos a este nivel de indefensión?, ¿estaremos en un proceso de castración que no vemos ni percibimos? Son preguntas que quizás me acompañen en estas vacaciones.
1. La primera conclusión: El subdesarrollo no es gratuito; es un esfuerzo colectivo por ser ineficientes, que se acelera con el entusiasmo compulsivo con que responden las autoridades de Gobierno (nacional, departamental y municipal) a las necesidades y expectativas de los ciudadanos.
2. El coeficiente intelectual del presidente Evo Morales, es igual y directamente proporcional al coeficiente intelectual de Rubén Costas (Prefecto de Santa Cruz) o viceversa.
3. Bolivia ha dejado muestras sobradas, en estos últimos años, de su vocación y tendencia por el desorden, la indisciplina y la ilegalidad (in cresscendo), tanto al nivel nacional, como departamental y municipal. Los ejemplos sobran y hastían, porque no prosperan, ni siquiera en el perfeccionamiento del aparato o los dispositivos de indisciplina o ilegalidad: son burdos, ordinarios, crasos, vulgares.
4. Las estrategias y contra-estrategias de los Gobiernos nacional y departamental, sobre las competencias y responsabilidad en temas de seguridad ciudadana, salud pública y educación, no sólo se han convertido en el escenario de extorsión, chantaje y secuestro del ciudadano, sino que además son el ejemplo patético de un país diseñado para boicotear.
5. Las próximas elecciones, no variarán con relación a las del 2003, porque la gente sigue votando por el menor mal; porque la gente es obligada a votar, a sabiendas de que el resultado es el que menos importa, la máquina de los viejos y nuevos escenarios de poder (analógico y digital) se preparan para la “legitimación” de su poder, desde la complicidad obligada del ciudadano votante, el tercero excluído de la cosa pública.
6. Repetiremos las elecciones de la “papeleta multicolor y multisigno”, porque la “oposición” (si así se puede llamar) sólo encontró como único sistema de debilitamiento de la figura (semántica y hermenéuticamente hablando) del Presidente Morales, la teoría de los vasos comunicantes: mientras más candidatos haya, el caudal de votos indecisos, blancos y nulos, podrán aumentar (por el principio físico) a cualquiera de los candidatos que se presenten. Los engendros, son de lo más patético y hasta grotescos, como por ejemplo el bombón y la gil.
7. Santa Cruz es el departamento más desprotegido por sus autoridades municipales, departamentales y nacionales. Y la mayor desolación, como el peor paisaje desértico y desolado que pueden ocasionar un terremoto, una guerra nuclear o la peste, son los discursos que nos azotan cotidianamente a través de los medios masivos de comunicación, que se difunden sin pudor, ni ética, ni criterio periodístico.
La pregunta que me asalta ahora es: ¿hasta cuánto puede una comunidad o sociedad, aguantar este tipo de agresiones?, ¿nos acostumbraremos a este nivel de indefensión?, ¿estaremos en un proceso de castración que no vemos ni percibimos? Son preguntas que quizás me acompañen en estas vacaciones.
jueves, 25 de junio de 2009
Bolivia de elecciones
Bolivia es un escenario, permanente, de lucha: de poder, de campos de poder, de hegemonía e insurrección de nuevas hegemonías, de periferias en procura de hacerse hegemónicas y de centros en estrés, por no caer en la periferia.
Y el escenario donde se construyen, se hacen realidad estas confrontaciones, son los discursos sociales. Pero a los discursos sociales, dichos entre amigos, proferidos en el cafecito, escritos en un blog, o enviados por correo electrónico, les hace falta la mediación para hacerse socialización y aquí es donde ingresan los medios de comunicación, porque son vehículo, canal por donde se propala la doxa que pretende perpetuarse en el imaginario colectivo, en calidad de realidad.
La mediatización se hace en formato de: noticia, editorial, crónica amarillenta y hasta adoctrinamiento, persistente y cotidiano, por medio de la agenda periodística y la propaganda con cara publicitaria, o programa televisivo de análisis unívoco, unidireccional, casi como un descenso de los 10 mandamientos sobre un pueblo pecaminoso que espera castigo, mortaja y represión.
Lo curioso de lo que hasta ahora he visto es: políticos y empresarios, que siguen hablando desde la “pobreza”, como la prioridad nacional; cívicos del oriente y sus adherencias, que machacan con la condición sine qua non para el “desarrollo” de Bolivia, desde las “autonomías departamentales”; y los movimientos sociales, que argumentan la atomización de Bolivia con el experimento de las “36 naciones”, como el reconocimiento y otorgación de escenarios y espacios de participación política y social, casi como el pago de la deuda interna.
Todos tienen en común: la noción previa (parcial, no holística, tampoco filosófica) del objeto y sujeto del momento histórico que transitamos; y quizás en ello estribe nuestra negación a la madurez política, a nuestra pereza para la construcción social y colectiva del ser boliviano.
Todos tienen en común el resultado nulo, por la persistencia en el boicot, como ethos político, económico y social, que entre paréntesis forma parte del manual de dominación para Bolivia, que manejan los interesados en nuestros recursos naturales.
Todos tienen en común el vaciamiento del contenido, la consistencia y procedencia de la cultura boliviana (léase historia, producción y convivencia social)
Todos tiene en común el adormecimiento que producen con sus discursos que promueven el odio y los prejuicios.
La sensación que tengo es que estamos perdidos, desorientados, a la deriva: en el lugar, el objetivo y el instrumento para hacer “algo”. Nos anima un entusiasmo compulsivo. Porque hasta ese “algo” que tendríamos que estar haciendo, después del tope al que llegamos con el manoseo del ejercicio democrático y el desvalijamiento que significaron los gobiernos hasta Sánchez de Lozada, ese “algo” también se diluyó entre tanto interés individual.
Una peor condición a ésta que acabo de mencionar, es la inmovilidad. Inmovilidad para recordar la historia, para producir, para cosechar, para alimentar, para exportar, parar pensar y actuar colectivamente como bolivianos (no como paceños, cruceños, pandinos, etc)
Lo triste del panorama, es que los medios (prensa, televisión y radio) aportan al caudal del boicot y la parálisis; no sé si por cuestión de supervivencia del periodista, sumada a la imposición del accionista, que a su vez puede ser por supervivencia o imposición de alguien más y así sucesivamente; o por ignorancia completa de la alquimia que poseen (en sí mismos) los medios de comunicación, en la construcción del real social.
A este panorama de construcción de la realidad, desde los dispositivos discursivos de “pobreza”, “autonomía”, “36 naciones con autonomía plena”, debemos añadir la campaña por alcanzar la presidencia de la república (a quien la escribo con minúscula, porque el concepto ha sido desterrado en la nueva Constitución Política del Estado, para dar paso al de Estado Plurinacional)
La campaña apenas comienza y por lo que se vé, no habrá nada nuevo bajo el sol (y no es el mito del eterno retorno: es peor) Lo que sí se repite, es esa nueva idea, instalada: después de lo desastroso que significó el experimento político oriental en los gobiernos de Jaime Paz Zamora y Gonzalo Sánchez de Lozada, tal, occidente es –por naturaleza– el idóneo para definir lo político en Bolivia, mientras que al oriente, le corresponde el financiamiento de los candidatos occidentales que aparezcan.
Sobra decir que reforzaremos en esta campaña, al márgen de los candidatos y los resultados, el ethos del boicot y la parálisis. Qué lástima.
Y el escenario donde se construyen, se hacen realidad estas confrontaciones, son los discursos sociales. Pero a los discursos sociales, dichos entre amigos, proferidos en el cafecito, escritos en un blog, o enviados por correo electrónico, les hace falta la mediación para hacerse socialización y aquí es donde ingresan los medios de comunicación, porque son vehículo, canal por donde se propala la doxa que pretende perpetuarse en el imaginario colectivo, en calidad de realidad.
La mediatización se hace en formato de: noticia, editorial, crónica amarillenta y hasta adoctrinamiento, persistente y cotidiano, por medio de la agenda periodística y la propaganda con cara publicitaria, o programa televisivo de análisis unívoco, unidireccional, casi como un descenso de los 10 mandamientos sobre un pueblo pecaminoso que espera castigo, mortaja y represión.
Lo curioso de lo que hasta ahora he visto es: políticos y empresarios, que siguen hablando desde la “pobreza”, como la prioridad nacional; cívicos del oriente y sus adherencias, que machacan con la condición sine qua non para el “desarrollo” de Bolivia, desde las “autonomías departamentales”; y los movimientos sociales, que argumentan la atomización de Bolivia con el experimento de las “36 naciones”, como el reconocimiento y otorgación de escenarios y espacios de participación política y social, casi como el pago de la deuda interna.
Todos tienen en común: la noción previa (parcial, no holística, tampoco filosófica) del objeto y sujeto del momento histórico que transitamos; y quizás en ello estribe nuestra negación a la madurez política, a nuestra pereza para la construcción social y colectiva del ser boliviano.
Todos tienen en común el resultado nulo, por la persistencia en el boicot, como ethos político, económico y social, que entre paréntesis forma parte del manual de dominación para Bolivia, que manejan los interesados en nuestros recursos naturales.
Todos tienen en común el vaciamiento del contenido, la consistencia y procedencia de la cultura boliviana (léase historia, producción y convivencia social)
Todos tiene en común el adormecimiento que producen con sus discursos que promueven el odio y los prejuicios.
La sensación que tengo es que estamos perdidos, desorientados, a la deriva: en el lugar, el objetivo y el instrumento para hacer “algo”. Nos anima un entusiasmo compulsivo. Porque hasta ese “algo” que tendríamos que estar haciendo, después del tope al que llegamos con el manoseo del ejercicio democrático y el desvalijamiento que significaron los gobiernos hasta Sánchez de Lozada, ese “algo” también se diluyó entre tanto interés individual.
Una peor condición a ésta que acabo de mencionar, es la inmovilidad. Inmovilidad para recordar la historia, para producir, para cosechar, para alimentar, para exportar, parar pensar y actuar colectivamente como bolivianos (no como paceños, cruceños, pandinos, etc)
Lo triste del panorama, es que los medios (prensa, televisión y radio) aportan al caudal del boicot y la parálisis; no sé si por cuestión de supervivencia del periodista, sumada a la imposición del accionista, que a su vez puede ser por supervivencia o imposición de alguien más y así sucesivamente; o por ignorancia completa de la alquimia que poseen (en sí mismos) los medios de comunicación, en la construcción del real social.
A este panorama de construcción de la realidad, desde los dispositivos discursivos de “pobreza”, “autonomía”, “36 naciones con autonomía plena”, debemos añadir la campaña por alcanzar la presidencia de la república (a quien la escribo con minúscula, porque el concepto ha sido desterrado en la nueva Constitución Política del Estado, para dar paso al de Estado Plurinacional)
La campaña apenas comienza y por lo que se vé, no habrá nada nuevo bajo el sol (y no es el mito del eterno retorno: es peor) Lo que sí se repite, es esa nueva idea, instalada: después de lo desastroso que significó el experimento político oriental en los gobiernos de Jaime Paz Zamora y Gonzalo Sánchez de Lozada, tal, occidente es –por naturaleza– el idóneo para definir lo político en Bolivia, mientras que al oriente, le corresponde el financiamiento de los candidatos occidentales que aparezcan.
Sobra decir que reforzaremos en esta campaña, al márgen de los candidatos y los resultados, el ethos del boicot y la parálisis. Qué lástima.
lunes, 23 de marzo de 2009
23 de marzo
En un acto oficial, pasaron por enésima vez -conmerando la pérdida de territorio boliviano en la Guerra del Pacífico- las cenizas de Eduardo Avaroa.
El hecho no deja de ser sintomático: por un lado, por la reiteración del ritual hipócrita, frente a la necesidad histórica boliviana de tener acceso al mar, sobre la que ningún Gobierno nacional, ni FFAA., asumen ni responsabilidad, ni empeño; por otro lado, por lo patético que resulta el ritual en sí: trasladar una cajita de cenizas de un “héroe” cuya talla todavía se mantiene bajo el tabú del tema.
Toda la geopolítica marítima boliviana, reducida a una cajita de cenizas de Eduardo Avaroa, que pasea, con pompa y fanfarria incluida, todos los 22 de marzo, indefectiblemente, en un ritual machaconamente reforzador de lo que implica en el imaginario colectivo y en el sentido social de construcción de la realidad geopolítica y política de nuestras autoridades.
Las patéticas cenizas de un personaje solitario y ausente de contenido y narrativa; diluyente en el análisis de su contenido histórico; un nombre no oficial de ningún organismo de Defensa del Estado, lo que lo hace más bochornoso para el acto conmemorativo y el ritual de quienes lo convocan y lo ejecutan.
130 años de avance insignificativo en procura de recuperar la costa pacífica, excepto la reiteración del ritual de las cenizas que se pasean por calles y avenidas, todos los 22 o 23 de marzo de cada año.
130 años de arrastrar vergüenza, que caben en una cajita de cenizas... por lo menos hemos logrado que Chile nos pague el 50% del agua del Silala que consume desde hace ñaupas; en fin, otra fecha para recordar.
El hecho no deja de ser sintomático: por un lado, por la reiteración del ritual hipócrita, frente a la necesidad histórica boliviana de tener acceso al mar, sobre la que ningún Gobierno nacional, ni FFAA., asumen ni responsabilidad, ni empeño; por otro lado, por lo patético que resulta el ritual en sí: trasladar una cajita de cenizas de un “héroe” cuya talla todavía se mantiene bajo el tabú del tema.
Toda la geopolítica marítima boliviana, reducida a una cajita de cenizas de Eduardo Avaroa, que pasea, con pompa y fanfarria incluida, todos los 22 de marzo, indefectiblemente, en un ritual machaconamente reforzador de lo que implica en el imaginario colectivo y en el sentido social de construcción de la realidad geopolítica y política de nuestras autoridades.
Las patéticas cenizas de un personaje solitario y ausente de contenido y narrativa; diluyente en el análisis de su contenido histórico; un nombre no oficial de ningún organismo de Defensa del Estado, lo que lo hace más bochornoso para el acto conmemorativo y el ritual de quienes lo convocan y lo ejecutan.
130 años de avance insignificativo en procura de recuperar la costa pacífica, excepto la reiteración del ritual de las cenizas que se pasean por calles y avenidas, todos los 22 o 23 de marzo de cada año.
130 años de arrastrar vergüenza, que caben en una cajita de cenizas... por lo menos hemos logrado que Chile nos pague el 50% del agua del Silala que consume desde hace ñaupas; en fin, otra fecha para recordar.
jueves, 12 de marzo de 2009
Con relación de 5 a 1
Cuando las personas “se sacan”, suelen ser casos de psicología o psiquiatría; cuando los gobernantes se sacan –en Bolivia–, les toca “un comité de ética” formado por ellos mismos, o el largo, escabroso e infinito proceso del “juicio de responsabilidades”, con más entradas (en todos los sentidos) que salidas y un eterno sentimiento a nada.
Creo que entre las prácticas políticas más dañino para el colectivo social boliviano, es el cinismo y la apología del delito que últimamente practican las autoridades municipales, departamentales y nacionales.
Desde Percy Dengue Dengue, hasta las “explicaciones”, razones o justificaciones de la toma de la residencia Cárdenas, las construcciones discursivas de estos políticos, deberían ser objeto de estudio de semiólogos (por lo creativo de la construcción de la realidad desde el discurso), de psicólogos y psiquiatras (por lo intrincado de las relaciones morbosas que nos plantean a los ciudadanos)
Ya lo decía el bigotón Azcargorta: “como se juega en el fútbol, se vive”; y si es como nos fue con el seleccionado de México (5 para los charros y 1 para los bolis) sin que medie campeonato, precampeonato, o eliminatoria (nunca superamos las eliminatorias), con razón nos la charlan los técnicos.
Una de dos: o cambiamos de deporte favorito, o nunca más asistimos a los partidos de fútbol, hasta que los jugadores sean profesionales y respeten a la hinchada.
Creo que entre las prácticas políticas más dañino para el colectivo social boliviano, es el cinismo y la apología del delito que últimamente practican las autoridades municipales, departamentales y nacionales.
Desde Percy Dengue Dengue, hasta las “explicaciones”, razones o justificaciones de la toma de la residencia Cárdenas, las construcciones discursivas de estos políticos, deberían ser objeto de estudio de semiólogos (por lo creativo de la construcción de la realidad desde el discurso), de psicólogos y psiquiatras (por lo intrincado de las relaciones morbosas que nos plantean a los ciudadanos)
Ya lo decía el bigotón Azcargorta: “como se juega en el fútbol, se vive”; y si es como nos fue con el seleccionado de México (5 para los charros y 1 para los bolis) sin que medie campeonato, precampeonato, o eliminatoria (nunca superamos las eliminatorias), con razón nos la charlan los técnicos.
Una de dos: o cambiamos de deporte favorito, o nunca más asistimos a los partidos de fútbol, hasta que los jugadores sean profesionales y respeten a la hinchada.
miércoles, 4 de marzo de 2009
Percy ptztztz: Dengue, dengue
No sé de qué se sorprende la gente, con las declaraciones del Alcalde que tenemos en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra; capital que ahora deberá llamarse Santa Cruz del Dengue... camba blandengue.
Este personaje incrustado en la Alcaldía, no sólo monta un show de desquiciamiento para decir lo que se le sale por la boca sin ningún atajo; sino que además –como sus exabruptos– desborda en INEPTITUD por los canales de drenaje: maternidad del Dengue y los basureros municipales: agujeros negros de sanidad y salubridad pública.
Las bellacadas, las onomatopeyas denigrantes, los manoseos de Percy, que buscan intimidar al periodista para que no le haga preguntas molestas o reveladoras, son directamente proporcionales a la permisividad con que lo dejamos actuar, periodistas y público en general.
No deja de sorprenderme, cada vez que éste fulano nos insulta, la complicidad de funcionarios de la Alcaldía, que con risa burlona y a media mueca, miran para un costado como si no fuera con ellos, como si la humillación de un ser humano no es con su especie y para colmo, se suman al registro morbosos de los camarógrafos, la curiosidad de los telespectadores.
Del mismo modo como se tipifican los crímenes de lesa humanidad, del mismo modo deberíamos tipificar, escrachar y repudiar el insulto, la sorna, el manoseo y la grosería de las autoridades de gobierno (municipal, departamental y nacional) a periodistas y a las personas que cuestionamos a las autoridades; porque, por si no lo sabías Percy ptztz Dengue Dengue, es tu DEBER, dar cuantas explicaciones te pidamos sobre tu gestión, (los periodistas y los ciudadanos) que ejercemos ciudadanía, porque es nuestra plata la que administrás.
Este personaje incrustado en la Alcaldía, no sólo monta un show de desquiciamiento para decir lo que se le sale por la boca sin ningún atajo; sino que además –como sus exabruptos– desborda en INEPTITUD por los canales de drenaje: maternidad del Dengue y los basureros municipales: agujeros negros de sanidad y salubridad pública.
Las bellacadas, las onomatopeyas denigrantes, los manoseos de Percy, que buscan intimidar al periodista para que no le haga preguntas molestas o reveladoras, son directamente proporcionales a la permisividad con que lo dejamos actuar, periodistas y público en general.
No deja de sorprenderme, cada vez que éste fulano nos insulta, la complicidad de funcionarios de la Alcaldía, que con risa burlona y a media mueca, miran para un costado como si no fuera con ellos, como si la humillación de un ser humano no es con su especie y para colmo, se suman al registro morbosos de los camarógrafos, la curiosidad de los telespectadores.
Del mismo modo como se tipifican los crímenes de lesa humanidad, del mismo modo deberíamos tipificar, escrachar y repudiar el insulto, la sorna, el manoseo y la grosería de las autoridades de gobierno (municipal, departamental y nacional) a periodistas y a las personas que cuestionamos a las autoridades; porque, por si no lo sabías Percy ptztz Dengue Dengue, es tu DEBER, dar cuantas explicaciones te pidamos sobre tu gestión, (los periodistas y los ciudadanos) que ejercemos ciudadanía, porque es nuestra plata la que administrás.
martes, 3 de marzo de 2009
Bolivia: diseñada para boicotear
A la publicación de una noticia en un matutino nacional, es imposible no escribirle algunas líneas de opinión personal. He aquí la redacción periodística:
“Una encuesta patrocinada por el Fondo para la Democracia de Naciones Unidas (Undef, en inglés) revela que el 68 por ciento de los bolivianos se considera mestizo frente al 62 por ciento de la población que en el Censo de 2001 declaró su pertenencia a alguna de las etnias bolivianas…
“Frente a esas conclusiones –continúa la nota de prensa–, la encuesta muestra que dos tercios del total de consultados se reconocen como mestizos; en cambio, solamente el 20 por ciento dice ser indígena-originario y el 5 por ciento se autoidentifica como blanco…
“El informe –sigue la nota– también señala que un 44 por ciento de los encuestados dice ‘sentirse parte’ de algún pueblo originario. Según los promotores del estudio, este dato muestra que los bolivianos ‘no ven contradictorio’ ser mestizo y al mismo tiempo pertenecer a alguna cultura indígena, principalmente quechua y aymara, las más importantes en el país. En cualquier caso, una amplia mayoría de los encuestados considera prioritaria la identidad nacional frente a lo indígena o lo regional…
“Así, un 76 por ciento –dice el matutino nacional– ve más importante “ser boliviano” que indígena y un 82 lo valora por encima de la identidad regional.” (La prensa: http://www.laprensa.com.bo/noticias/03-03-09/03_03_09_poli1.php)
Se me ocurren varias interpretaciones sobre el tema (ninguna teórica, ni académica, ni letrada)
La primera: es como si nos viéramos en un espejo y nos sorprendiéramos del volumen y la dimensión de lo que se ve reflejado (68% se considera mestizo ahora, frente al 62% que se consideraba de alguna étnica en el Censo de 2001)
La segunda, corolario de lo anterior, tiene que ver con las consignas que solemos seguir ciegamente los bolivianos, porque carecemos de instrucción cívica (incluyendo a TODOS los presidentes de los Comités Cívicos) y de pronto, cuando cambian las circunstancias (las consignas), opinamos incluso lo antagónico.
La tercera, es que si tenemos que guiarnos por la opinión generalizada, con razón la política del entusiasmo compulsivo, ahonda el acelerado subdesarrollo de Bolivia.
La cuarta, merece un exabrupto como: ¿qué ca...”pí”!, hacemos con los “pí” artículos de los privilegios indigenistas en la nueva CPE?
Hasta ahora he visto un país fatigado en consolidar su “diseño para boicotear”; como la absurda idea de no reactivar molinos de trigo, porque pertenecen a los “ricos” y preferir importar harina desde Argentina (los guachos chochos porque tienen bolivianos que les compran sus remanentes de los commoditties), indirectamente refuerzan el modelo neoliberal de globalización del mercado y boicotean el circuito económico nacional.
El diseño del boicot, refleja después, porcentajes como el de la nota, porque la práctica (el boicot) se institucionaliza cada vez que los comités cívicos, los gremios, los movimientos sociales, las instituciones, los gobiernos municipales, departamentales y nacional, operan de manera corporativa (se acomodan y se protegen, en detrimento del colectivo social, del Bien Común)
Un país de boicot exige que nos acostumbremos –como dijo García Lineras– no sólo a la presencia de los militares en función de policía y ministerio del interior sobre nuestras calles, sino también a los espejos que mostrarán, en encuestas y estudios serios como el de UNdef, lo distorsionado de nuestro país.
Un país de boicot exige que nos traguemos sapos y culebras, que votemos como borregos: por el Sí o por el No, para hacernos aprobar constituciones, leyes y estatutos a medias y amarrados: concesiones mayores que el plato de lentejas bíblico (pérdida de la primogenitura)
Un país de boicot vive y se alimenta de la práctica del espejo distorsionado, del espejo de las consignas, del espejo de los regionalismos y los prejuicios.
Si ayer un 62% dijimos que éramos pertenecientes a alguna étnia y ahora un 68% (de los mismos bolivianos) decimos que somos mestizo, simple y llanamente en alguna parte nos engañamos, en alguna parte nos auto-boicoteamos y nos boicotean.
La primera condición para ser Nación boliviana, es que nos miremos al espejo, nos reconozcamos y nos aceptemos: con la verruga y la nariz torcida; que nos tratemos bien y no mal como hasta ahora, donde incluso el Dengue se campea como perro por su casa, por la ausencia, ineficiencia, cinismo, improvisación y falta de respeto por parte de las autoridades, que no encuentran ningún freno: ni de rechazo, ni de molestia, ni de reclamo de parte nuestra (con esta actitud poco cívica, reforzamos su práctica corporativa)
Los porcentajes cambiantes de las encuestas que vengan, seguirán corroborando un estado de ineficiencia colectiva y una vocación por el reforzamiento al boicot.
“Una encuesta patrocinada por el Fondo para la Democracia de Naciones Unidas (Undef, en inglés) revela que el 68 por ciento de los bolivianos se considera mestizo frente al 62 por ciento de la población que en el Censo de 2001 declaró su pertenencia a alguna de las etnias bolivianas…
“Frente a esas conclusiones –continúa la nota de prensa–, la encuesta muestra que dos tercios del total de consultados se reconocen como mestizos; en cambio, solamente el 20 por ciento dice ser indígena-originario y el 5 por ciento se autoidentifica como blanco…
“El informe –sigue la nota– también señala que un 44 por ciento de los encuestados dice ‘sentirse parte’ de algún pueblo originario. Según los promotores del estudio, este dato muestra que los bolivianos ‘no ven contradictorio’ ser mestizo y al mismo tiempo pertenecer a alguna cultura indígena, principalmente quechua y aymara, las más importantes en el país. En cualquier caso, una amplia mayoría de los encuestados considera prioritaria la identidad nacional frente a lo indígena o lo regional…
“Así, un 76 por ciento –dice el matutino nacional– ve más importante “ser boliviano” que indígena y un 82 lo valora por encima de la identidad regional.” (La prensa: http://www.laprensa.com.bo/noticias/03-03-09/03_03_09_poli1.php)
Se me ocurren varias interpretaciones sobre el tema (ninguna teórica, ni académica, ni letrada)
La primera: es como si nos viéramos en un espejo y nos sorprendiéramos del volumen y la dimensión de lo que se ve reflejado (68% se considera mestizo ahora, frente al 62% que se consideraba de alguna étnica en el Censo de 2001)
La segunda, corolario de lo anterior, tiene que ver con las consignas que solemos seguir ciegamente los bolivianos, porque carecemos de instrucción cívica (incluyendo a TODOS los presidentes de los Comités Cívicos) y de pronto, cuando cambian las circunstancias (las consignas), opinamos incluso lo antagónico.
La tercera, es que si tenemos que guiarnos por la opinión generalizada, con razón la política del entusiasmo compulsivo, ahonda el acelerado subdesarrollo de Bolivia.
La cuarta, merece un exabrupto como: ¿qué ca...”pí”!, hacemos con los “pí” artículos de los privilegios indigenistas en la nueva CPE?
Hasta ahora he visto un país fatigado en consolidar su “diseño para boicotear”; como la absurda idea de no reactivar molinos de trigo, porque pertenecen a los “ricos” y preferir importar harina desde Argentina (los guachos chochos porque tienen bolivianos que les compran sus remanentes de los commoditties), indirectamente refuerzan el modelo neoliberal de globalización del mercado y boicotean el circuito económico nacional.
El diseño del boicot, refleja después, porcentajes como el de la nota, porque la práctica (el boicot) se institucionaliza cada vez que los comités cívicos, los gremios, los movimientos sociales, las instituciones, los gobiernos municipales, departamentales y nacional, operan de manera corporativa (se acomodan y se protegen, en detrimento del colectivo social, del Bien Común)
Un país de boicot exige que nos acostumbremos –como dijo García Lineras– no sólo a la presencia de los militares en función de policía y ministerio del interior sobre nuestras calles, sino también a los espejos que mostrarán, en encuestas y estudios serios como el de UNdef, lo distorsionado de nuestro país.
Un país de boicot exige que nos traguemos sapos y culebras, que votemos como borregos: por el Sí o por el No, para hacernos aprobar constituciones, leyes y estatutos a medias y amarrados: concesiones mayores que el plato de lentejas bíblico (pérdida de la primogenitura)
Un país de boicot vive y se alimenta de la práctica del espejo distorsionado, del espejo de las consignas, del espejo de los regionalismos y los prejuicios.
Si ayer un 62% dijimos que éramos pertenecientes a alguna étnia y ahora un 68% (de los mismos bolivianos) decimos que somos mestizo, simple y llanamente en alguna parte nos engañamos, en alguna parte nos auto-boicoteamos y nos boicotean.
La primera condición para ser Nación boliviana, es que nos miremos al espejo, nos reconozcamos y nos aceptemos: con la verruga y la nariz torcida; que nos tratemos bien y no mal como hasta ahora, donde incluso el Dengue se campea como perro por su casa, por la ausencia, ineficiencia, cinismo, improvisación y falta de respeto por parte de las autoridades, que no encuentran ningún freno: ni de rechazo, ni de molestia, ni de reclamo de parte nuestra (con esta actitud poco cívica, reforzamos su práctica corporativa)
Los porcentajes cambiantes de las encuestas que vengan, seguirán corroborando un estado de ineficiencia colectiva y una vocación por el reforzamiento al boicot.
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