El principio del ejercicio de ciudadanía, es el conocimiento de los derechos y obligaciones propios y las del Estado.
Leía esta mañana en la prensa local (El Nuevo Día, 30 de enero de 2009) que, ante los violentos avasallamientos de predios productivos en el departamento de Santa Cruz, “La Gobernación cruceña no permitirá que se atropelle la propiedad privada y menos que se atente contra la seguridad de la población, por militantes del partido de Gobierno que se encuentran armados y actúan ilegalmente”, a través del flamante “Comité de Defensa de la Tierra”; y constaté dos cosas.
Por un lado que la declaración, no sólo es característico de los discursos políticos en campaña, sino que además es demagógico, como lo son los discursos de los personeros del Inra y ministerio del ramo, que en algunos casos –dos estos últimos–hacen hasta apología del delito, porque simple y llanamente no administran.
En segundo lugar, que la ausencia de Estado –sea por ignorancia o premeditación– conforma un escenario –de aquí en adelante– violento y caótico para Bolivia.
Lo que corresponde a las autoridades (locales y nacionales) es “cumplir” y “hacer cumplir” la Ley; a los agricultores, cumplir con su deber ciudadano de denunciar; es decir: registrar, con toda la tecnología digital disponible de hoy en día (celulares, cámaras digitales, GPS, cámaras de vídeo digital), los asentamientos sospechosos que se dan en sus predios productivos y denunciarlos ante:
1. Comisiones Agrarias Nacional y Departamental
2. Prefectura
3. Ministerio de Desarrollo Rural, Agropecuario y Medio Ambiente
4. Viceministerio de tierras
5. Defensoría del Pueblo
6. Fuerza Especial de Lucha contra el Crimen (FELCC)
7. Ministerio Público o Fiscalía del Distrito
8. Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA)
9. Prensa (para conocimiento de la opinión pública)
Si el agricultor fue avasallado, le corresponde registrar (por medio de celular, fotos y video digitales) el número de personas que ingresaron a su propiedad; identificar con detalle qué tiempo llevan de asentamiento; si utilizan armas, de qué calibre; si utilizan vehículos de instituciones públicas y finalmente, le corresponde no tomar la justicia por mano propia, sino denunciar los delitos tipificados como:
1. atentado con la libertad de trabajo
2. allanamiento
3. asociación delictuosa
4. lesiones a los predios y
5. otros delitos comunes como: amenaza, robo, daño material, perturbación de posesión, entre otros
viernes, 30 de enero de 2009
miércoles, 28 de enero de 2009
Bolivia: Inconsistencia y contradicción política
La inconsistencia, que según el diccionario es falta de cohesión, y la contradicción, o antinomia (anti + nomos o ley), son las dos condiciones catalizadoras de la sandez en este país.
En el anterior artículo, escribí sobre la negación sistemática de Bolivia, a salir del año cero; escribí también, que es el único país –en el planeta tierra– donde el Poder Constituido es superior al Poder Constituyente y es el único país, donde es posible escuchar la corrupción de una manera tan cínica, que raya en el insulto a la inteligencia y decencia del ciudadano común.
En la edición del martes 27 de enero del matutino La Razón, leí unas declaraciones beodas de poder, del viceministro de tierras Alejandro Almaráz, quien decía que “el saneamiento no es un proceso que está comenzado; no necesitábamos de la nueva Constitución para iniciarlo, necesitamos esta Constitución para garantizar una continuidad a largo y mediano plazo”
Líneas más adelante, el director de Fundación Tierra, Gonzalo Colque reconocía –en la misma nota de La Razón– que “se trata del polémico artículo 399, que se negoció en el Parlamento (en octubre del 2008) a última hora y también es el costo para viabilizar esta CPE”
Frente a la beodez del abuso de autoridad (tema de otra entrada en este blog) y la inconsistencia política, cínica en su expresión discursiva, el único antídoto que tenemos los ciudadanos, es la lógica; así que, con esa premisa, descifraremos la inconsistencia y la contradicción en estas dos declaraciones (nomás)
Si a este proceso de saneamiento que vemos ahora, "no necesitaba de la Constitución", como dirían los abogados: “a confesión de partes, relevo de pruebas”.
Decir que no necesitaba de la Constitución, es –primero– auto-quitarse legitimidad (inconsistencia política); y –segundo– reforzar la sospecha del despojo: sin geopolítica de seguridad, soberanía alimentaria y desarrollo del país a través de las exportaciones (estrategias de cualquier Estado)
Lo que hemos visto hasta ahora, de reconducción comunitaria de la reforma agraria, han sido tractores donados: una práctica paternalista que fortalece el entusiasmo compulsivo de los gobiernos de turno y acelera el subdesarrollo boliviano; tractores, que cuando se les terminó el diesel, pararon; caminos que llenan páginas en los diarios nacionales, con derrumbes diluvianos sin autoridad que “cumpla” y “haga cumplir” la Ley; campesinos que soportan El Niño y La Niña, sin presencia gubernamental, ni promoción mediática excepto en los casos morbosos.
Lo que sí hay, es mucho discurso y una disentería de millones de dólares que no se ven reflejados en las siguientes cosechas, porque sabe Dios qué destino tienen.
Podrían desglosarse más los discursos aquí señalados y sospechar que otro proyecto de Refundación de Bolivia, subyace en la problemática de tierras; más si se considera que ni el Artículo 398 de la nueva Constitución Política del Estado, ni los Artículos que le preceden o le siguen, abolen el latifundio, sólo lo limitan. Dos lógicas que se contradicen.
“… necesitamos esta Constitución para garantizar una continuidad a largo y mediano plazo” dice Almaraz. “… se trata del polémico artículo 399, que se negoció en el Parlamento (en octubre del 2008) a última hora y también es el costo para viabilizar esta CPE” dice Colque.
La pregunta que enseguida surge es: ¿cuántos artículos más sufrirán el mismo destino que el 399?, si consideramos las revisadas, corregidas y aumentadas que experimentó la NCPE –Sucre, Oruro, Comisión de Revisión y Concordancia, Parlamento–
Latifundio y doble titulación, son definidos en la NCPE como “contrarios al interés colectivo y al desarrollo del país”: una verdad a medias es tan mortal, como una gota de cianuro en un vaso de agua.
El latifundio, según la NCPE, será a partir de 5000 hectáreas: “…En ningún caso la superficie máxima podrá exceder las cinco mil hectáreas” (Art. 398); es como decir que contrabando es a partir de 33 camiones; menos de 33 es “contravención a la Norma”.
Latifundio y doble titulación: más de 33 camiones y estrategia de supervivencia al neoliberalismo.
La mayoría de los productores de occidente, que llegaron expulsados por el DS 21060 a Santa Cruz, poseen más de una parcela (doble titulación): ¿serán los nuevos expulsados del neoliberalismo de izquierda que gobierna este país?
Latifundio y doble titulación que no cumpla con la Función Económica Social (FES) son “…contrarios al interés colectivo y al desarrollo del país”: ¿qué pasará con los productores de pequeña escala que adeudan lo perdido por El Niño y La Niña del 2008 y soportan las deudas El Niño 2009? Como dato adicional diré que la mora actual de las casa comerciales del sector agropecuario, es millonaria.
Las Tierras Comunitarias de Origen (TCO) no necesitan preocuparse; lo que equivale a decir que pueden tirarse panza arriba, hacer nada, o esperar a que el Estado les desmonte, les construya sus chapapas, les are la tierra, les consiga mercados: subdesarrollo acelerado.
Latifundio y doble titulación en el que se sospeche de un sistema servidumbral, será revertido sin indemnización. Con relación a este tema, en otra oportunidad hablaremos sobre el DS Nº 29802 y la transferencia de competencias del Judicial al Ejecutivo, en la persona del personero del INRA (Instituto Nacional de Reforma Agraria) y sobre la definición del “sistema servidumbral” en la Ley Nº 3545 y el Reglamento Nº 29215.
La última: Artículo 399 parágrafo I, el famoso artículo que Colque menciona como el “… que se negoció en el Parlamento (en octubre del 2008) a última hora y también es el costo para viabilizar esta CPE”, dice: “Los nuevos límites de la propiedad agraria zonificada se aplicarán a predios que se hayan adquirido con posterioridad a la vigencia de esta Constitución. A los efectos de la irretroactividad de la Ley, se reconocen y respetan los derechos de posesión y propiedad agraria de acuerdo a Ley.
Amnistía para el contrabando hecho antes de la aprobación de la NCPE, menor a 33 camiones!
En el anterior artículo, escribí sobre la negación sistemática de Bolivia, a salir del año cero; escribí también, que es el único país –en el planeta tierra– donde el Poder Constituido es superior al Poder Constituyente y es el único país, donde es posible escuchar la corrupción de una manera tan cínica, que raya en el insulto a la inteligencia y decencia del ciudadano común.
En la edición del martes 27 de enero del matutino La Razón, leí unas declaraciones beodas de poder, del viceministro de tierras Alejandro Almaráz, quien decía que “el saneamiento no es un proceso que está comenzado; no necesitábamos de la nueva Constitución para iniciarlo, necesitamos esta Constitución para garantizar una continuidad a largo y mediano plazo”
Líneas más adelante, el director de Fundación Tierra, Gonzalo Colque reconocía –en la misma nota de La Razón– que “se trata del polémico artículo 399, que se negoció en el Parlamento (en octubre del 2008) a última hora y también es el costo para viabilizar esta CPE”
Frente a la beodez del abuso de autoridad (tema de otra entrada en este blog) y la inconsistencia política, cínica en su expresión discursiva, el único antídoto que tenemos los ciudadanos, es la lógica; así que, con esa premisa, descifraremos la inconsistencia y la contradicción en estas dos declaraciones (nomás)
Si a este proceso de saneamiento que vemos ahora, "no necesitaba de la Constitución", como dirían los abogados: “a confesión de partes, relevo de pruebas”.
Decir que no necesitaba de la Constitución, es –primero– auto-quitarse legitimidad (inconsistencia política); y –segundo– reforzar la sospecha del despojo: sin geopolítica de seguridad, soberanía alimentaria y desarrollo del país a través de las exportaciones (estrategias de cualquier Estado)
Lo que hemos visto hasta ahora, de reconducción comunitaria de la reforma agraria, han sido tractores donados: una práctica paternalista que fortalece el entusiasmo compulsivo de los gobiernos de turno y acelera el subdesarrollo boliviano; tractores, que cuando se les terminó el diesel, pararon; caminos que llenan páginas en los diarios nacionales, con derrumbes diluvianos sin autoridad que “cumpla” y “haga cumplir” la Ley; campesinos que soportan El Niño y La Niña, sin presencia gubernamental, ni promoción mediática excepto en los casos morbosos.
Lo que sí hay, es mucho discurso y una disentería de millones de dólares que no se ven reflejados en las siguientes cosechas, porque sabe Dios qué destino tienen.
Podrían desglosarse más los discursos aquí señalados y sospechar que otro proyecto de Refundación de Bolivia, subyace en la problemática de tierras; más si se considera que ni el Artículo 398 de la nueva Constitución Política del Estado, ni los Artículos que le preceden o le siguen, abolen el latifundio, sólo lo limitan. Dos lógicas que se contradicen.
“… necesitamos esta Constitución para garantizar una continuidad a largo y mediano plazo” dice Almaraz. “… se trata del polémico artículo 399, que se negoció en el Parlamento (en octubre del 2008) a última hora y también es el costo para viabilizar esta CPE” dice Colque.
La pregunta que enseguida surge es: ¿cuántos artículos más sufrirán el mismo destino que el 399?, si consideramos las revisadas, corregidas y aumentadas que experimentó la NCPE –Sucre, Oruro, Comisión de Revisión y Concordancia, Parlamento–
Latifundio y doble titulación, son definidos en la NCPE como “contrarios al interés colectivo y al desarrollo del país”: una verdad a medias es tan mortal, como una gota de cianuro en un vaso de agua.
El latifundio, según la NCPE, será a partir de 5000 hectáreas: “…En ningún caso la superficie máxima podrá exceder las cinco mil hectáreas” (Art. 398); es como decir que contrabando es a partir de 33 camiones; menos de 33 es “contravención a la Norma”.
Latifundio y doble titulación: más de 33 camiones y estrategia de supervivencia al neoliberalismo.
La mayoría de los productores de occidente, que llegaron expulsados por el DS 21060 a Santa Cruz, poseen más de una parcela (doble titulación): ¿serán los nuevos expulsados del neoliberalismo de izquierda que gobierna este país?
Latifundio y doble titulación que no cumpla con la Función Económica Social (FES) son “…contrarios al interés colectivo y al desarrollo del país”: ¿qué pasará con los productores de pequeña escala que adeudan lo perdido por El Niño y La Niña del 2008 y soportan las deudas El Niño 2009? Como dato adicional diré que la mora actual de las casa comerciales del sector agropecuario, es millonaria.
Las Tierras Comunitarias de Origen (TCO) no necesitan preocuparse; lo que equivale a decir que pueden tirarse panza arriba, hacer nada, o esperar a que el Estado les desmonte, les construya sus chapapas, les are la tierra, les consiga mercados: subdesarrollo acelerado.
Latifundio y doble titulación en el que se sospeche de un sistema servidumbral, será revertido sin indemnización. Con relación a este tema, en otra oportunidad hablaremos sobre el DS Nº 29802 y la transferencia de competencias del Judicial al Ejecutivo, en la persona del personero del INRA (Instituto Nacional de Reforma Agraria) y sobre la definición del “sistema servidumbral” en la Ley Nº 3545 y el Reglamento Nº 29215.
La última: Artículo 399 parágrafo I, el famoso artículo que Colque menciona como el “… que se negoció en el Parlamento (en octubre del 2008) a última hora y también es el costo para viabilizar esta CPE”, dice: “Los nuevos límites de la propiedad agraria zonificada se aplicarán a predios que se hayan adquirido con posterioridad a la vigencia de esta Constitución. A los efectos de la irretroactividad de la Ley, se reconocen y respetan los derechos de posesión y propiedad agraria de acuerdo a Ley.
Amnistía para el contrabando hecho antes de la aprobación de la NCPE, menor a 33 camiones!
martes, 27 de enero de 2009
Bolivia: Referéndum por la NCPE
Si te crees demasiado inteligente como para no ser parte de la Política,
tendrás que vivir resignado a ser gobernado por los más idiotas (Platón)
tendrás que vivir resignado a ser gobernado por los más idiotas (Platón)
El anuncio porcentual del primer conteo de votación del Referéndum del 25 de enero –nueva Constitución Política del Estado (CPE)– en base a las primeras actas llegadas desde las capitales de Bolivia, junto al festejo de los que perdieron y los que perdieron (sí, de un lado perdieron y del otro también perdieron), fue una muestra más de la inconsistencia y la esquizofrenia política que vive Bolivia, desde la imposición del neoliberalismo en la década de los ochenta.
Como se ve, varios son los niveles de lectura que los signos mediatizados del Referéndum nos permiten definir.
Si el divorcio entre la burguesía por un lado y los indígenas más el proletariado por el otro, era una herencia de la colonia, con el transcurrir de la República –con sus 16 Constituciones, más las cientos de reformas o enmiendas, más el fórceps de la globalización– hicieron que el apartheid se hiciera intolerante desde las desigualdades que promovían injusticia y saqueo por los gobiernos de turno.
En esas condiciones, arribamos al proceso de “Refundación de Bolivia”, con tres fenómenos sociales, como antecedentes inmediatos:
• marcha de los pueblos indígenas del oriente –dignidad e incorporación al Estado boliviano–
• clase obrera y clase media hastiada del agotamiento del sistema político partidario nacional
• cívicos con pretensiones de superar la tutela del Estado nacional.
Un escenario como legitimación de privilegios, entre necesidades colectivas; y un otro escenario, de reivindicaciones identitarias, utilizados como mortaja para extorsionar y chantajear desde las ONGs.
El divorcio y la inconsistencia política boliviana –a lo largo de su historia– han tenido apenas dos miserables manifestaciones: el vaciamiento de lo político desde el borramiento del-otro y la maniobra populista –léase prebendalismo– y la corrupción institucionalizada.
Inconsistencia que vuelve a auto-reprobarse con este último Referéndum y que ratifica su vocación de desarticulación del colectivo social boliviano, a favor de quienes “conociendo la ley, inventan la trampa” y “siempre caen parados”.
Ese domingo 25 de enero, en un canal de televisión –no recuerdo cuál– mostraban –en pantalla dividida– varias capitales: La Paz, Cochabamba, Santa Cruz de la Sierra, Sucre, Tarija y Porvenir (Pando) éste último importante gracias a Quintana.
Cada uno festejaba el “triunfo parcial” y “total”, muy similar a la esquizofrenia de las 2 preguntas que se hicieron en el mismo Referéndum –hipótesis que señalé en párrafos anteriores y que se comprueba con la hermenéutica política–
El principio aristotélico dice que el todo es mayor que las partes.
Desde toda lógica matemática, todo principio democrático y procedimental, no es correcto, ni constitucional, preguntar –el mismo día y en una misma papeleta de sufragio– sobre la parte que falta a la propuesta de CPE y al mismo tiempo y en la misma papeleta, preguntar si se aprueba el texto completo, que no está completo porque la falta lo que se pregunta arriba.
La pregunta del Artículo colgandijo de la propuesto de CPE, debió ser formulada y dirimida por el soberano, en una fecha anterior al Referéndum aprobatorio de la nueva CPE; luego –en un periodo de 6 meses de diferencia– debió ser incorporada a la propuesta de CPE, por la Asamblea Constituyente, para luego ser aprobada en un Referéndum.
Pero el Pacto de Palacio Quemado –octubre de 2008– del que formaron parte el Movimiento Al Socialismo (MAS), los partidos tradicionales en calidad de momias resucitadas (PODEMOS, MNR, UN, junto a otros partidos uninominales) y ONGs, apuraban los tiempos, para que lo incierto no se hiciera evidente.
Ya en un anterior artículo me referí a la Constitución del Congreso o “Pacto de Palacio Quemado”, como cúlmine de la inconsistencia política –divorciada del real social boliviano– que in cresscendo pasó por una escala de modificaciones de Artículos: primero en Oruro, modificando lo definido en Sucre; después las del Comité de Revisión de Sintaxis y Concordancia –dirigida y vigilada por la Vicepresidencia de la República– y finalmente la del Congreso: El Poder Constituido que se erigió por encima del Poder Constituyente –único ejemplo de esquizofrenia en el planeta tierra– quien modificó cerca de 200 Artículos.
La “Refundación de Bolivia” nos ha sido arrebatada.
Refundar quiere decir volver a plantear quiénes somos, de dónde venimos, qué errores cometimos y hacia dónde queremos ir.
Lo que veremos de aquí en más, será el reforzamiento del circulo vicioso de construir un país en el año cero; donde no somos incluidos todos los que conformamos el colectivo social boliviano, donde no nos permitimos construir nacionalidad boliviana y donde hablaremos de 36 nacionalidades indígenas-originarias-campesinas (término estúpido, cargado de paternalismo, desprecio e instrumento de reforzamiento del apartheid existente) y otra nacionalidad mestiza, casi nebulosa a punto de convertirse en asteroide o en meteorito.
Lo que sigue es una maestría en esquizofrenia política y social, un vaciamiento del yo, desde el borramiento del-otro; un manoseo de lo identitario, hasta la grosero cinismo de la inclusión abstracta, pero la exclusión concreta de los escenarios, instrumentos y procedimientos del ejercicio del poder.
Guardo todavía una leve esperanza: la conformación de una sociedad civil organizada desde y para el Bien Común; consciente, coherente, consistente con la necesidad histórica del país, capaz de conformar nación, de “Refundar Bolivia, e iniciar la historia desde el año 1.
viernes, 23 de enero de 2009
Bolivia cierra campaña por el Si y por el No
A pocas horas del referéndum por la nueva Constitución Política del Estado (NCPE), ¿qué significan los actos de clausura de las Campañas por el Sí y por el No?: un ritual.
Un ritual de reafirmación de una identidad colectiva; un proceso de transformación, de la invisibilidad a la visibilidad colectiva de construcción social de sentido; un proceso de retorno a propiedades políticas de “no–muerto” y “no–vivo” al mismo tiempo, porque son un estado de transición indeterminado; son una fase política de modo subjuntivo (en el mundo de las hipótesis, la conjetura y el deseo) que ofrece reafirmación de nuevas estructuras significantes.
Al nivel discursivo, la construcción del real social y la creación de la propia imagen junto con la del contrario, es un proceso de desarticulación, de borramiento de lo-otro; es un tiempo de génesis y apocalipsis.
Como dirían Verón y Angenot, lo que comparten ambos rituales es:
• un sistema cognitivo o doxa solidaria, que se sostiene desde un
• circuito económico discursivo (quién dice qué parte de la construcción simbólica), que apela (en especial en esta campaña) a construcciones simbólicas de temas recurrentes tales como tabúes, fobias, censuras y principios de exclusión colectiva, que posibilitan
• un espacio imaginario donde conviven lo subjuntivo, con lo imperativo, lo real, la utopía, la negación, el ocultamiento, el disimulo y las ideologías
Las campañas de clausura por el Si y por el No a la propuesta de Constitución, fueron eso –simple y llanamente– un ritual de transformación de ida y vuelta hasta el cansancio de: “no–vivo” y “no–muerto”, que tampoco definirán su estado el próximo 25 de enero, porque le sucederán otros rituales similares a éste.
Un ritual de reafirmación de una identidad colectiva; un proceso de transformación, de la invisibilidad a la visibilidad colectiva de construcción social de sentido; un proceso de retorno a propiedades políticas de “no–muerto” y “no–vivo” al mismo tiempo, porque son un estado de transición indeterminado; son una fase política de modo subjuntivo (en el mundo de las hipótesis, la conjetura y el deseo) que ofrece reafirmación de nuevas estructuras significantes.
Al nivel discursivo, la construcción del real social y la creación de la propia imagen junto con la del contrario, es un proceso de desarticulación, de borramiento de lo-otro; es un tiempo de génesis y apocalipsis.
Como dirían Verón y Angenot, lo que comparten ambos rituales es:
• un sistema cognitivo o doxa solidaria, que se sostiene desde un
• circuito económico discursivo (quién dice qué parte de la construcción simbólica), que apela (en especial en esta campaña) a construcciones simbólicas de temas recurrentes tales como tabúes, fobias, censuras y principios de exclusión colectiva, que posibilitan
• un espacio imaginario donde conviven lo subjuntivo, con lo imperativo, lo real, la utopía, la negación, el ocultamiento, el disimulo y las ideologías
Las campañas de clausura por el Si y por el No a la propuesta de Constitución, fueron eso –simple y llanamente– un ritual de transformación de ida y vuelta hasta el cansancio de: “no–vivo” y “no–muerto”, que tampoco definirán su estado el próximo 25 de enero, porque le sucederán otros rituales similares a éste.
Bolivia, país de los imposibles
Vicente Rocha Rojas, Luís Eduardo Zabala y Néstor da Silva Rivero, tres muertos que no estaban muertos y que curiosamente aparecieron 3 días antes del referéndum por la nueva Constitución
“Matarolo
Qué papelón,
Matarili, rilirón”
“Matarolo
Qué papelón,
Matarili, rilirón”
jueves, 22 de enero de 2009
Los palestino-bolivianos
“No se puede ser y no ser algo al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto” Aristóteles (384 AC-322 AC) Filósofo griego
A raíz de la incursión armada –como una escobita que saca el estorbo– y que suele hacer Israel de vez en cuando sobre la faja de Gaza, personas anónimas en la oscuridad, destruyeron símbolos israelíes, en una plaza ubicadaudad de La Paz (sede de gobierno) en señal de repudio.
El repudio, como expresión de discenso, termina con la manifestación en sí de rechazo, pero lo que me molesta en realidad, es la hipocresía de quienes realizan estos actos, que para colmo se autodenominan “progresistas”, etc., etc.; o la hipocresía del rompimiento diplomático con Isreal, anunciado por el Presidente Morales, pero la continuación de las relaciones comerciales, dicho por el Canciller Choquehuanca. Se ve que no son conscientes de la viga que pesa sobre sus propios ojos.
Pensémoslo de este modo: extrapolemos el conflicto de Gaza (israelíes por un lado y palestinos por otro lado) con lo se pretende imponernos desde la nueva Constitución Política del Estado (NCPE) –llena de achaques y dolamas de 500 años y otras yerbas más–
A los palestinos y a los bolivianos nos ha llegado un “Pre-Aviso de desalojo” desde el cielo; a los palestinos desde los aviones de combate israelí, a nosotros con el referéndum del 25 de enero próximo.
A los palestinos les dieron 48 horas para el desalojo de la zona de incursión, caso contrario “el pueblo elegido por Dios”, no se hacía cargo ni de muertos ni de escombros; a nosotros, nos llovieron del cielo los Artículos 2, 290 (inciso I) y 293 (inciso I) (ver más abajo) y la rúbrica es de Manco Kapac y Mama Ocllo. Entonces, ¿con qué idea del otro, repudian la limpieza israelí, si harán lo mismo con los mestizos bolivianos?
Hipócrita es el que predica lo que no practica, el que tiene presente la paja en el ojo ajeno y no ve la viga que carga en el propio.
Veamos lo que dice la nueva Consitución Política del Estado:
Artículo 2. “Dada la existencia precolonial de las naciones y pueblos indígena originario campesinos y su dominio ancestral sobre sus territorios, se garantiza su libre determinación en el marco de la unidad del Estado, que consiste en su derecho a la autonomía, al autogobierno, a su cultura, al reconocimiento de sus instituciones y a la consolidación de sus entidades territoriales, conforme a esta Constitución y la ley.”
Si a este mísmo artículo lo leyeramos sustituyendo “la existencia precolonial” por “la promesa de Dios”; y los “pueblos indígenas originario campesinos” por “el pueblo israelí”, ¿no cambiaría el sentido (la semántica)? La “consolidación de sus entidades territoriales”, en éste contexto de sustitución de los significantes, ¿no sería lo que vemos en la zona de Gaza?
Artículo 290. I. “La conformación de la autonomía indígena originario campesina se basa en los territorios ancestrales, actualmente habitados por esos pueblos y naciones, y en la voluntad de su población, expresada en consulta, de acuerdo a la Constitución y la ley. "
Este artículo expresa claramente que Bolivia será un territorio de conformaciones progresivas de “franjas de territorios ancestrales”, como la que vemos en Palestina.
Artículo 293. I. “La autonomía indígena basada en territorios indígenas consolidados y aquellos en proceso, una vez consolidados, se constituirá por la voluntad expresada de su población en consulta en conformidad a sus normas y procedimientos propios como único requisito exigible.”
La opción al pataleo: mana (no hay) ¿qué le sigue? ¿el gheto y el muro de la vergüenza?. Y de esto serán copartícipes las ONGs que operan en Bolivia, las naciones que apoyaron esta NCPE y la comunidad internacional que por obra u omisión, permite un nuevo agujero negro de prejuicio, racismo, odio y apartheid en esta parte del planeta.
Ejercer poder o abuso de autoridad
A raíz de los últimos escándalos que cada día se hacen más digeribles, un amigo y yo nos sentamos a discutir entre café y café, si aquello era abuso de poder o poder hegemónico total. Mi amigo decía que lo que estábamos viendo no sólo era una descomposición de liderazgo que permitió el copamiento de esta grosería de Gobierno: yo le contesté que si bien era cierto en parte lo que decía, había un confusión de fondo entre ejercer poder y hacer abuso de autoridad.
Largas fueron las argumentaciones de ambos y me pareció interesante y oportuno, exponer ahora las mías en éste artículo, para que justamente empecemos a hacer lo más saludable que podemos hacer en nuestro país, para no seguir de tumbo en tumbo: promover el debate.
No debemos confundir, "ejercer poder", con "abuso de autoridad"; porque el primero implica capacidad y habilidad para "hacer hacer a otro", lo que como objetivo se ha planteado; o "hacer decir a otro", lo que conviene a la construcción del real social boliviano; o "hacer desear a otro", lo que en el discurso se elabora como persuasión, para conseguir adhesión, tal y como lo explican los semiólogos modernos.
Cuando se dice "ejercer poder", se refiere a las 3 dimensiones del ejercicio del poder (acción, concepción y voluntad) descritas arriba y que tienen que ver con la capacidad de un persona, o de un grupo de personas (no importa si comparten o no un mismo color político) de:
Hacer – hacer
Hacer – decir
Hacer – desear
"Ejercer poder" es la capacidad de superponer el poder constituido (Congreso) sobre el poder constituyente (Asamblea Constituyente) Ejercer poder, es ser capaz de someternos –previamente– al caos y a la violencia, para presentarnos el acuerdo de octubre –del Congreso y Palacio Quemado– como "la salida para evitar la guerra civil". Aquí estuvieron presentes la acción, la descripción o categorización del real social boliviano a través de los discursos socializados o mediatizados y la voluntad de "concertación".
Ejercer poder es cambiar las normas vigentes, los Artículos de la nueva Constitución Política del Estado (CPE), para presentar una corregida, al margen de la Asamblea Constituyente, en Oruro primero, para después cambiar otros tantos Artículos en el rimbombante Consejo de Corrección, Sintaxis y Concordancia de Palacio Quemado, para volver a cambiar –nada más, ni nada menos, que– casi 200 Artículos, en el Congreso.
Del resto, de esta "historieta" –de los rabiosos y del coro que gritó "ahora sí, guerra civil"–, se encargará el anecdotario boliviano, que llena páginas completas en los diarios y los libros sobre Bolivia.
En cambio "abuso de autoridad", es lo que burdamente hemos visto y vemos de un tiempo a esta parte; y de ésto, nadie puede alegar inocencia o ignorancia; ceguera, puede ser, porque ya no alcanza decir que el presidente Morales está capturado por su entorno, tampoco es suficiente decir que "el entorno" es el culpable del desportillamiento boliviano –"el entorno", un significante despojado de historia, con sentido cambiado, o peor, vacío de sentido–. Las responsabilidades de los gobernantes, al igual que la de los pecadores, es de pensamiento, palabra, obra y omisión.
El "abuso de poder" –si se quiere– es visible; puede ser grosero e imprudente, o sutil y seductor, pero es visible, noticiable, cronicable. "Ejercer poder" en cambio, en la superficie puede ser noticiable, pero no cronicable en lo entramado de las entrañas, porque impone memoria, lógica y racionalidad.
"Ejercer poder" es un acto que impone reflexión para detectarlo, es un acto que implica hacer manifiesta una cosa que estaba oculta; es un acto que deja ver, una cosa borrosa, en otra más visible, o más cercana: en suma es una acto de razón, un acto de voluntad racional.
Sobre el abuso de poder no daré más cuenta en este artículo, porque la prensa escrita y audiovisual, nos relata mejor y en detalle, lo grosero, lo burdo y lo innecesario del tema; revisemos más bien, y más allá del anecdotario cotidiano, lo que quedó como saldo de los movimientos del ejercicio del poder.
Lo que se mantuvo intacto desde la imposición del modelo neoliberal, hasta el pacto del Congreso y Palacio Quemado, fueron los modos de producción y las relaciones de producción neoliberales y lo que se perpetuó en el pacto del Congreso y Palacio Quemado, fue un Estado monopólico: único poder político en el país, sin posibilidad de heteronomía, ni siquiera para la sociedad civil.
El balance es curioso, porque nos jorobaron ambos: los –entre comillas– enfrentados, quienes ejercieron poder y quienes hicieron abuso de autoridad. Los primeros, que nos convencieron que el Estado era cuento de viejas, que la inmanencia del mercado neoliberal y la globalización de la economía sin Estado, lo habían dicho todo y que sólo restaba ser felices bajo esa hegemonía; y los segundos, la nueva izquierda neoliberal –que hace uso y abuso de los dispositivos de reivindicación identitaria–
Ambos, en el pacto del Congreso y Palacio Quemado de octubre de 2008, garantizaron –con los Artículos modificados– el mantenimiento y reproducción de las condiciones de producción neoliberal, en detrimento de la inclusión social que dio origen a la Asamblea Constituyente, y en detrimento de la necesidad de constituir "nación boliviana" y no "occidente – media luna". Para ambos, el abuso de poder, les fue funcional.
Otra cuestión curiosa que queda como saldo, es que hacer "abuso de autoridad" es –por sobre todo– funcional a otro que "ejerce poder", porque el abuso de poder es venal (sobornable), puede venderse o cederse a otros poderes menores; y se fundamenta en la fidelidad de esos otros poderes menores (administración, ejército, policía, movimientos sociales, unión juvenil cruceñista, paceñista, alteñista, cochabambinista, potosinista, orureñista, chuquisaqueñista, tarijeñista, benianista y/o pandinista); obedece a un sistema de adjudicación de favores, que subyace sobre toda una red compleja de privilegios: toda una administración venal, toda una institución feudal a lo siglo XXI.
No es de extrañar entonces el "abuso de poder" grosero de 30 camiones de contrabando, como tampoco las explicaciones, o la teoría de la conspiración, que pretenden justificar el asunto; forman parte de la misma dinámica y la misma lógica descrita párrafos arriba. Lo que devela –el abuso de autoridad– es la relación jerárquica de la pluralidad de poderes en juego: unos tuertos y otros ciegos, según la conveniencia y la propia dinámica de la jerarquía.
No debe extrañarnos tampoco, que cualquier desafío a este monopolio del nuevo Estado boliviano, sea considerado "delincuencia", o "atentado" contra las leyes y el orden neo-neoliberal; por lo tanto será perseguido, castigado y hasta aniquilado de manera civil.
Ya vivimos una esquizofrenia que galopa, y que el 25 de enero próximo, habremos de auto-diagnosticárnosla colectivamente; sumémosle que en lo abstracto, pretenden seducirnos con la idea de que existe un inclusión –teórica– del Bien Común en todo este movimiento del poder; pero, en lo concreto, no es más que la defensa del interés de una minoría que ejerce poder (políticos, dirigentes públicos y privados, corporativos públicos y privados, de clase, e incluso de la administración pública)
Y como en teoría el Estado no puede superar esta esquizofrenia, porque apela a ella para la adhesión, tampoco habrá de confesar su incapacidad para enfrentar las fuerzas y la dinámica del sistema de "adjudicación de favores"; por lo que el ciclo y retroalimentación del sistema esquizoide es infinito, e ideal para sí mismo –el esquizofrénico es el único feliz en una relación esquizoide– De modo que la teoría de la conspiración, será el único menú de la dieta diaria boliviana.
La adhesión al nuevo proyecto de Estado –en teoría–, es desde la apelación a la ruptura y la subversión de las relaciones sociales de producción neoliberal (amo y esclavo), pero en la práctica se la fomentará, bajo la estricta –y a la vez conveniente– mirada del nuevo Estado boliviano. Lo de los 30 camiones es un preámbulo de lo cotidiano que nos espera.
El nuevo Estado boliviano, oculta desde la seducción del discurso (hacer – desear) su papel represor, su ser garante de la dominación del capital y promueve una imagen de organizador del consenso de la sociedad civil, lo que legitima –en última instancia– su rol de árbitro neutral, de necesaria frontera entre barbarie y sociabilidad, perpetuando su sistema de adjudicación de favores, consolidando su sistema de ejercer poder y abuso de autoridad.
Largas fueron las argumentaciones de ambos y me pareció interesante y oportuno, exponer ahora las mías en éste artículo, para que justamente empecemos a hacer lo más saludable que podemos hacer en nuestro país, para no seguir de tumbo en tumbo: promover el debate.
No debemos confundir, "ejercer poder", con "abuso de autoridad"; porque el primero implica capacidad y habilidad para "hacer hacer a otro", lo que como objetivo se ha planteado; o "hacer decir a otro", lo que conviene a la construcción del real social boliviano; o "hacer desear a otro", lo que en el discurso se elabora como persuasión, para conseguir adhesión, tal y como lo explican los semiólogos modernos.
Cuando se dice "ejercer poder", se refiere a las 3 dimensiones del ejercicio del poder (acción, concepción y voluntad) descritas arriba y que tienen que ver con la capacidad de un persona, o de un grupo de personas (no importa si comparten o no un mismo color político) de:
Hacer – hacer
Hacer – decir
Hacer – desear
"Ejercer poder" es la capacidad de superponer el poder constituido (Congreso) sobre el poder constituyente (Asamblea Constituyente) Ejercer poder, es ser capaz de someternos –previamente– al caos y a la violencia, para presentarnos el acuerdo de octubre –del Congreso y Palacio Quemado– como "la salida para evitar la guerra civil". Aquí estuvieron presentes la acción, la descripción o categorización del real social boliviano a través de los discursos socializados o mediatizados y la voluntad de "concertación".
Ejercer poder es cambiar las normas vigentes, los Artículos de la nueva Constitución Política del Estado (CPE), para presentar una corregida, al margen de la Asamblea Constituyente, en Oruro primero, para después cambiar otros tantos Artículos en el rimbombante Consejo de Corrección, Sintaxis y Concordancia de Palacio Quemado, para volver a cambiar –nada más, ni nada menos, que– casi 200 Artículos, en el Congreso.
Del resto, de esta "historieta" –de los rabiosos y del coro que gritó "ahora sí, guerra civil"–, se encargará el anecdotario boliviano, que llena páginas completas en los diarios y los libros sobre Bolivia.
En cambio "abuso de autoridad", es lo que burdamente hemos visto y vemos de un tiempo a esta parte; y de ésto, nadie puede alegar inocencia o ignorancia; ceguera, puede ser, porque ya no alcanza decir que el presidente Morales está capturado por su entorno, tampoco es suficiente decir que "el entorno" es el culpable del desportillamiento boliviano –"el entorno", un significante despojado de historia, con sentido cambiado, o peor, vacío de sentido–. Las responsabilidades de los gobernantes, al igual que la de los pecadores, es de pensamiento, palabra, obra y omisión.
El "abuso de poder" –si se quiere– es visible; puede ser grosero e imprudente, o sutil y seductor, pero es visible, noticiable, cronicable. "Ejercer poder" en cambio, en la superficie puede ser noticiable, pero no cronicable en lo entramado de las entrañas, porque impone memoria, lógica y racionalidad.
"Ejercer poder" es un acto que impone reflexión para detectarlo, es un acto que implica hacer manifiesta una cosa que estaba oculta; es un acto que deja ver, una cosa borrosa, en otra más visible, o más cercana: en suma es una acto de razón, un acto de voluntad racional.
Sobre el abuso de poder no daré más cuenta en este artículo, porque la prensa escrita y audiovisual, nos relata mejor y en detalle, lo grosero, lo burdo y lo innecesario del tema; revisemos más bien, y más allá del anecdotario cotidiano, lo que quedó como saldo de los movimientos del ejercicio del poder.
Lo que se mantuvo intacto desde la imposición del modelo neoliberal, hasta el pacto del Congreso y Palacio Quemado, fueron los modos de producción y las relaciones de producción neoliberales y lo que se perpetuó en el pacto del Congreso y Palacio Quemado, fue un Estado monopólico: único poder político en el país, sin posibilidad de heteronomía, ni siquiera para la sociedad civil.
El balance es curioso, porque nos jorobaron ambos: los –entre comillas– enfrentados, quienes ejercieron poder y quienes hicieron abuso de autoridad. Los primeros, que nos convencieron que el Estado era cuento de viejas, que la inmanencia del mercado neoliberal y la globalización de la economía sin Estado, lo habían dicho todo y que sólo restaba ser felices bajo esa hegemonía; y los segundos, la nueva izquierda neoliberal –que hace uso y abuso de los dispositivos de reivindicación identitaria–
Ambos, en el pacto del Congreso y Palacio Quemado de octubre de 2008, garantizaron –con los Artículos modificados– el mantenimiento y reproducción de las condiciones de producción neoliberal, en detrimento de la inclusión social que dio origen a la Asamblea Constituyente, y en detrimento de la necesidad de constituir "nación boliviana" y no "occidente – media luna". Para ambos, el abuso de poder, les fue funcional.
Otra cuestión curiosa que queda como saldo, es que hacer "abuso de autoridad" es –por sobre todo– funcional a otro que "ejerce poder", porque el abuso de poder es venal (sobornable), puede venderse o cederse a otros poderes menores; y se fundamenta en la fidelidad de esos otros poderes menores (administración, ejército, policía, movimientos sociales, unión juvenil cruceñista, paceñista, alteñista, cochabambinista, potosinista, orureñista, chuquisaqueñista, tarijeñista, benianista y/o pandinista); obedece a un sistema de adjudicación de favores, que subyace sobre toda una red compleja de privilegios: toda una administración venal, toda una institución feudal a lo siglo XXI.
No es de extrañar entonces el "abuso de poder" grosero de 30 camiones de contrabando, como tampoco las explicaciones, o la teoría de la conspiración, que pretenden justificar el asunto; forman parte de la misma dinámica y la misma lógica descrita párrafos arriba. Lo que devela –el abuso de autoridad– es la relación jerárquica de la pluralidad de poderes en juego: unos tuertos y otros ciegos, según la conveniencia y la propia dinámica de la jerarquía.
No debe extrañarnos tampoco, que cualquier desafío a este monopolio del nuevo Estado boliviano, sea considerado "delincuencia", o "atentado" contra las leyes y el orden neo-neoliberal; por lo tanto será perseguido, castigado y hasta aniquilado de manera civil.
Ya vivimos una esquizofrenia que galopa, y que el 25 de enero próximo, habremos de auto-diagnosticárnosla colectivamente; sumémosle que en lo abstracto, pretenden seducirnos con la idea de que existe un inclusión –teórica– del Bien Común en todo este movimiento del poder; pero, en lo concreto, no es más que la defensa del interés de una minoría que ejerce poder (políticos, dirigentes públicos y privados, corporativos públicos y privados, de clase, e incluso de la administración pública)
Y como en teoría el Estado no puede superar esta esquizofrenia, porque apela a ella para la adhesión, tampoco habrá de confesar su incapacidad para enfrentar las fuerzas y la dinámica del sistema de "adjudicación de favores"; por lo que el ciclo y retroalimentación del sistema esquizoide es infinito, e ideal para sí mismo –el esquizofrénico es el único feliz en una relación esquizoide– De modo que la teoría de la conspiración, será el único menú de la dieta diaria boliviana.
La adhesión al nuevo proyecto de Estado –en teoría–, es desde la apelación a la ruptura y la subversión de las relaciones sociales de producción neoliberal (amo y esclavo), pero en la práctica se la fomentará, bajo la estricta –y a la vez conveniente– mirada del nuevo Estado boliviano. Lo de los 30 camiones es un preámbulo de lo cotidiano que nos espera.
El nuevo Estado boliviano, oculta desde la seducción del discurso (hacer – desear) su papel represor, su ser garante de la dominación del capital y promueve una imagen de organizador del consenso de la sociedad civil, lo que legitima –en última instancia– su rol de árbitro neutral, de necesaria frontera entre barbarie y sociabilidad, perpetuando su sistema de adjudicación de favores, consolidando su sistema de ejercer poder y abuso de autoridad.
La semiosis social boliviana
¿Cómo es que la sociedad boliviana define su realidad actual? Convengamos primero en que la manera de concebir la realidad, no deviene: es una construcción y convengamos también en que no sólo es dinámica –no estancada– sino que además, es permeable a los discursos hegemónicos y periféricos que se ponen en circulación.
La semiosis social, o interpretación de los hechos, discursos y fenómenos sociales, es una construcción de partes significativas de un todo –que es el real social boliviano– cuya "pertinencia" en su construcción –reclamada como realidad– está dictada por la ideología de quien la sostiene; por lo tanto –y bajo esta lógica– nadie puede descalificar el discurso del otro, a menos que hayamos ingresado en el mundo de los dogmas de fe.
Angenot diría que de la interdiscursividad se construye el real social y lo que a nosotros los bolivianos nos está haciendo falta, en esta construcción del real social post-neoliberal, es el debate: serio, disciplinado, de respeto mutuo y responsabilidad histórica –si queremos permanecer como nación boliviana–.
Sigo escuchando por radio y por televisión; sigo leyendo por prensa y por revistas, la retórica del vaciamiento de lo boliviano, porque pretende definir la realidad desde apenas una idea, desde apenas un segmento del todo y ante el temor de una dialéctica más estructurada, o más sistematizada, contraria a la burlesca simplicidad del solo plano, la censura –en sus distintas manifestaciones– se instala en el discurso y en el escenario del debate, anulando o postergando una necesidad histórica de Bolivia.
Hemos llegado a un punto en el que los mitos y las ideología–mitos, ya no alcanzan para definir, desayunar y trabajar todos los días. Ya no alcanzan mitos como: "el Gobierno central y unitario es quien garantiza la unidad nacional", o "la Autonomía es la respuesta a la pobreza y el subdesarrollo"; como tampoco alcanzan las ideología–mitos: "Autonomía – Trabajo – Desarrollo".
Hemos llegado incluso, al punto en el que el manoseo de lo identitario se ha vuelto tan grosero y grotesco, que se perdió el borde, la frontera entre los neoliberales y la insurgente izquierda-neoliberal de Palacio Quemado.
Aquí y ahora, allá y mañana, la semiosis social se sucede, día con día, constatación tras constatación; por encima, o a caballo de los discursos que pretenden construir realidad. Esta dinámica, esta riqueza, en el significado y el significante de los hechos y fenómenos sociales que vivimos y hacemos semiosis, debería ser materia suficiente para que los medios de comunicación social, realizaran un trabajo artesanal: hebra por hebra; surco tras surco; viruta a viruta, enriqueciendo el debate constructivo no la idea ciega y estúpida del odio y el prejuicio.
Materias de debate importantes, como por ejemplo: el proceso bochornoso y borroso en el imaginario colectivo e histórico de toda "educación cívica", como fue el poder constituido por encima del poder constituyente, que concluye con la propuesta de texto constitucional parido en el Congreso en octubre de este año. Este debate, ni siquiera se mencionó –como de pasada– en los medios de comunicación masivos, excepto en algunos ámbitos de la izquierda intelectual.
Debate que hubiera sido interesante como semiosis, porque somos varios los desconcertados.
Lo que quizás desconcierta –entrando ya en semiosis– a los políticos de pegas y a los logieros de oportunidades, es que: de haber sido parásitos de la hegemonía de este país, pasaron a ser la periferia; pero, con una vuelta de tuerca, nos desconcertaron –a los que no somos ni políticos de pegas, ni logieros de oportunidades– y gracias a los voceros, léase enunciadores discursivos de la reivindicación identitaria (léase movimientos sociales), se les permitió regresar de la periferia, al centro del poder. Para colmo, se llenaron la boca diciéndonos que si no estaban en el centro del poder, la periferia nos devoraba porque es salvaje y violenta.
Si no fuera tan machacona, impune, violenta, saturante y hasta torturante la propaganda política que se nos impone por la televisión, la prensa y la radio; una propaganda que no está de más decirlo vacía nuestra conciencia de toda memoria colectiva e histórica; si no fuera por esta tortura impune –de la que ni el Defensor del Pueblo ha dicho un pío sobre el asunto– nos daríamos cuenta que estamos metidos en medio de un odio que no es nuestro, que estamos metidos en medio del prejuicio y una falsa gresca a la que groseramente llaman debate nacional y que no es otra cosa que la circunstancia ocupando el lugar de la sustancia, la conveniencia en lugar de la convicción.
Las falencias y la ineficiencia discursiva de los sujetos de la gresca nacional, se observan como carachas de las que no podemos escapar de rascarnos; porque a pesar de las pretensiones por establecer un sistema regulador de la producción de formas discursivas concretas, no hilvanan un discurso de adhesión nacional, justamente por lo segmentado de su visión y propósito; justamente por la utilización de los medios –que para colmo son personas: concretas y reales– para conseguir el mismo fin: volver a ser hegemonía, o restablecer el anterior orden de centro y periferia, los unos y sin ningún propósito social – histórico, sin ninguna trascendencia existencial, los otros.
El discurso en Palacio Quemado, lastimosamente pasó de cínico a necio y ahora va de ida a la categoría de idiota (léase ausencia congénita y completa de las facultades intelectuales); porque el necio que consigue un ejército de aduladores, termina por perder toda facultad de raciocinio, lógica y semántico y como el cuento del rey desnudo, pronto los súbditos se percatan que el vestido ni es mágico, ni mejor la perspectiva de la desnudez.
Bolivia cambió en pensamiento, palabra y acción, después de los hechos que dieron fin a la calesita de los políticos de la pegas y a los logieros de oportunidades; una caspa de privilegiados que se habían escudado en el discurso neoliberal, por tiempo suplementario. El cambio político, social, el cambio de los discursos y la semiosis social, es también un hecho histórico que no tiene vuelta atrás; y no es por una cuestión de ideología-hegemonía, o de un traspaso de la hegemonía de una clase –económica/ social– a otra, sino por una cuestión de relación: entre significado y significante del hecho y los fenómenos sociales en sí mismos.
Lo visible y lo enunciable de los hechos y fenómenos sociales suponen –en el fondo– un diagrama de fuerzas hegemónicas y periféricas que se suceden, conforme logran copar el centro y el escenario de la semiosis social. De ahí que los discursos sociales, construyan realidad; lo necio es pretender que quien lo dice primero gana la tuja para el resto del juego y lo idiota es insistir en el libreto.
Foucault por ejemplo, insistió siempre en que ningún saber es anterior a lo visible y a lo enunciable y esto implica 2 cosas: por un lado, que interpretar la realidad –hacer semiosis– no es una cuestión de generación espontánea, tampoco deviene, es una construcción social de sentido, que permite categorizar y especificar; es un discurso de una doxa solidaria con una ideología periférica o hegemónica, que pretende perpetuarse.
Es posible que las categorías y la globalización de dichas categorías sobre un parte de la realidad, sean asumidas –en la semiosis social– como categorías reales y ciertas; pero, con el tiempo se descascaran, como está sucediendo ahora con el uso y abuso de los discursos de reivindicación identitaria en Palacio Quemado, cuyo único propósito pareciera ser el de garantizar un pull de ejemplares de souvenirs de escaparate, para cuando lleguen las visitas de gobiernos interesados en lavarse la cara, con los fondos para las ONGs, con licencia para la impunidad.
La semiosis social, o interpretación de los hechos, discursos y fenómenos sociales, es una construcción de partes significativas de un todo –que es el real social boliviano– cuya "pertinencia" en su construcción –reclamada como realidad– está dictada por la ideología de quien la sostiene; por lo tanto –y bajo esta lógica– nadie puede descalificar el discurso del otro, a menos que hayamos ingresado en el mundo de los dogmas de fe.
Angenot diría que de la interdiscursividad se construye el real social y lo que a nosotros los bolivianos nos está haciendo falta, en esta construcción del real social post-neoliberal, es el debate: serio, disciplinado, de respeto mutuo y responsabilidad histórica –si queremos permanecer como nación boliviana–.
Sigo escuchando por radio y por televisión; sigo leyendo por prensa y por revistas, la retórica del vaciamiento de lo boliviano, porque pretende definir la realidad desde apenas una idea, desde apenas un segmento del todo y ante el temor de una dialéctica más estructurada, o más sistematizada, contraria a la burlesca simplicidad del solo plano, la censura –en sus distintas manifestaciones– se instala en el discurso y en el escenario del debate, anulando o postergando una necesidad histórica de Bolivia.
Hemos llegado a un punto en el que los mitos y las ideología–mitos, ya no alcanzan para definir, desayunar y trabajar todos los días. Ya no alcanzan mitos como: "el Gobierno central y unitario es quien garantiza la unidad nacional", o "la Autonomía es la respuesta a la pobreza y el subdesarrollo"; como tampoco alcanzan las ideología–mitos: "Autonomía – Trabajo – Desarrollo".
Hemos llegado incluso, al punto en el que el manoseo de lo identitario se ha vuelto tan grosero y grotesco, que se perdió el borde, la frontera entre los neoliberales y la insurgente izquierda-neoliberal de Palacio Quemado.
Aquí y ahora, allá y mañana, la semiosis social se sucede, día con día, constatación tras constatación; por encima, o a caballo de los discursos que pretenden construir realidad. Esta dinámica, esta riqueza, en el significado y el significante de los hechos y fenómenos sociales que vivimos y hacemos semiosis, debería ser materia suficiente para que los medios de comunicación social, realizaran un trabajo artesanal: hebra por hebra; surco tras surco; viruta a viruta, enriqueciendo el debate constructivo no la idea ciega y estúpida del odio y el prejuicio.
Materias de debate importantes, como por ejemplo: el proceso bochornoso y borroso en el imaginario colectivo e histórico de toda "educación cívica", como fue el poder constituido por encima del poder constituyente, que concluye con la propuesta de texto constitucional parido en el Congreso en octubre de este año. Este debate, ni siquiera se mencionó –como de pasada– en los medios de comunicación masivos, excepto en algunos ámbitos de la izquierda intelectual.
Debate que hubiera sido interesante como semiosis, porque somos varios los desconcertados.
Lo que quizás desconcierta –entrando ya en semiosis– a los políticos de pegas y a los logieros de oportunidades, es que: de haber sido parásitos de la hegemonía de este país, pasaron a ser la periferia; pero, con una vuelta de tuerca, nos desconcertaron –a los que no somos ni políticos de pegas, ni logieros de oportunidades– y gracias a los voceros, léase enunciadores discursivos de la reivindicación identitaria (léase movimientos sociales), se les permitió regresar de la periferia, al centro del poder. Para colmo, se llenaron la boca diciéndonos que si no estaban en el centro del poder, la periferia nos devoraba porque es salvaje y violenta.
Si no fuera tan machacona, impune, violenta, saturante y hasta torturante la propaganda política que se nos impone por la televisión, la prensa y la radio; una propaganda que no está de más decirlo vacía nuestra conciencia de toda memoria colectiva e histórica; si no fuera por esta tortura impune –de la que ni el Defensor del Pueblo ha dicho un pío sobre el asunto– nos daríamos cuenta que estamos metidos en medio de un odio que no es nuestro, que estamos metidos en medio del prejuicio y una falsa gresca a la que groseramente llaman debate nacional y que no es otra cosa que la circunstancia ocupando el lugar de la sustancia, la conveniencia en lugar de la convicción.
Las falencias y la ineficiencia discursiva de los sujetos de la gresca nacional, se observan como carachas de las que no podemos escapar de rascarnos; porque a pesar de las pretensiones por establecer un sistema regulador de la producción de formas discursivas concretas, no hilvanan un discurso de adhesión nacional, justamente por lo segmentado de su visión y propósito; justamente por la utilización de los medios –que para colmo son personas: concretas y reales– para conseguir el mismo fin: volver a ser hegemonía, o restablecer el anterior orden de centro y periferia, los unos y sin ningún propósito social – histórico, sin ninguna trascendencia existencial, los otros.
El discurso en Palacio Quemado, lastimosamente pasó de cínico a necio y ahora va de ida a la categoría de idiota (léase ausencia congénita y completa de las facultades intelectuales); porque el necio que consigue un ejército de aduladores, termina por perder toda facultad de raciocinio, lógica y semántico y como el cuento del rey desnudo, pronto los súbditos se percatan que el vestido ni es mágico, ni mejor la perspectiva de la desnudez.
Bolivia cambió en pensamiento, palabra y acción, después de los hechos que dieron fin a la calesita de los políticos de la pegas y a los logieros de oportunidades; una caspa de privilegiados que se habían escudado en el discurso neoliberal, por tiempo suplementario. El cambio político, social, el cambio de los discursos y la semiosis social, es también un hecho histórico que no tiene vuelta atrás; y no es por una cuestión de ideología-hegemonía, o de un traspaso de la hegemonía de una clase –económica/ social– a otra, sino por una cuestión de relación: entre significado y significante del hecho y los fenómenos sociales en sí mismos.
Lo visible y lo enunciable de los hechos y fenómenos sociales suponen –en el fondo– un diagrama de fuerzas hegemónicas y periféricas que se suceden, conforme logran copar el centro y el escenario de la semiosis social. De ahí que los discursos sociales, construyan realidad; lo necio es pretender que quien lo dice primero gana la tuja para el resto del juego y lo idiota es insistir en el libreto.
Foucault por ejemplo, insistió siempre en que ningún saber es anterior a lo visible y a lo enunciable y esto implica 2 cosas: por un lado, que interpretar la realidad –hacer semiosis– no es una cuestión de generación espontánea, tampoco deviene, es una construcción social de sentido, que permite categorizar y especificar; es un discurso de una doxa solidaria con una ideología periférica o hegemónica, que pretende perpetuarse.
Es posible que las categorías y la globalización de dichas categorías sobre un parte de la realidad, sean asumidas –en la semiosis social– como categorías reales y ciertas; pero, con el tiempo se descascaran, como está sucediendo ahora con el uso y abuso de los discursos de reivindicación identitaria en Palacio Quemado, cuyo único propósito pareciera ser el de garantizar un pull de ejemplares de souvenirs de escaparate, para cuando lleguen las visitas de gobiernos interesados en lavarse la cara, con los fondos para las ONGs, con licencia para la impunidad.
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